El Autor señala en el prefacio como su libro intenta "mostrar el significado de la obra de arte y las relaciones que sostiene con las fuerzas productivas, con la cultura de la que es expresión y con la sociedad cuyos ensueños alimenta (...) Los textos e ilustraciones marginales dan fe de una realidad dominada por la brutalidad, el terror y la miseria".
Esta declaración permite enmarcar perfectamente el contenido de la obra: es un libro de arte, bien editado y de bellas imágenes, en el que prácticamente todos los comentarios se realizan adoptando una perspectiva marxista bastante clásica (el libro original fue publicado en 1979). Así, numerosos objetos religiosos y profanos comunes en la época son interpretados como símbolos enmarcados en la lucha de clases: la espada es el "instrumento de la represión, de la explotación del pueblo"; la Cruz, "el emblema de una victoria alcanzada sobre las potencias de subversión". El arte medieval mismo nació "de la opresión señorial y de la sumisión del pueblo ante las fuerzas oscuras que lanzan el hambre, la epidemia y la invasión, a las que hay que conciliar enriqueciendo cada vez más a los mejores servidores del Dios bueno, a los monjes", y ver una catedral -al menos, en lo que se refiere a Nuestra Señora de París- debería llevar a preguntarse "¿Cuánto costó este edificio, cuantos millones de esas piececillas de plata que servían para comprar el pan? Y algunos se preguntan: ¿era necesario levantarlo tan soberbio? ¿No era contradecir la enseñanza del Evangelio, insultar la miseria de los trabajadores de los barrios?". Esta visión del arte religioso como símbolo de la ostentación y del poder, que traiciona la pobreza cristiana, es común en numerosas partes del texto. Véanse, por ejemplo, los comentarios al palacio de Aviñón: "proclama por todas partes, con su erizamiento, con sus almenas, la voluntad de dominar. Cuidadosamente cerrada sobre sí misma, una guarida, una cámara fuerte donde, por estrechas fisuras, viene el oro a amontonarse, capturado por la tenaz fiscalidad sobre la que reposa el imperio de los cardenales", o a la construcción de la basílica de Asís "donde sobre la tumba del pobre de Asís acumuló Roma suntuosamente todos los emblemas del poder (...) para traducir en imágenes los principios de una ideología forjada por la curia romana. Una inmensa y soberbia prisión: el espíritu de pobreza se encuentra allí encarcelado".
Cuando el texto alude a cuestiones externas al comentario arquitectónico o artístico, esta tipo de planteamientos se acentúa en perjuicio de la comprensión de los hechos. Así, se asocia el poder temporal del Papa con la existencia de las parroquias o los predicadores: él "es el jefe indiscutido de esta formación política en que se ha convertido la Iglesia, muy robusta, apoyada (...) por un sistema fiscal que cada vez rinde más, por la red de parroquias que cuadriculan toda la cristiandad y proporcionan el medio de controlar a cada uno de los habitantes de esas células por la confesión obligatoria cada año; en fin, por dos milicias que descubren las desviaciones e imponen por la predicación el modelo de un comportamiento uniforme, la orden de los dominicos y la orden de los franciscanos, obligados unos y otros a la docilidad"; o justificar el origen del espíritu cisterciense como "resistir a las tentaciones del progreso"; o explicar el origen de la filosofía tomista aseverando que con Aristóteles, Alberto Magno y Tomás de Aquino "descubrieron como admirablemente coherente una explicación global del universo que contradecía la doctrina cristiana", por lo que "Tomás edificó sobre una punta de alfiler, con la intención de conciliar el dogma y la razón, una construcción dialéctica descabellada".
Los ejemplos podrían multiplicarse; pero se aprecia el tono apasionado del libro en su defensa de una interpretación dialéctica de la historia, profundamente cerrada al espíritu, y en clara dependencia de la tesis marxista que considera la cultura y la religión como subproducto de las condiciones económicas. En esa línea, los hechos históricos son tergiversados al servicio de esta ideología.
F.J. (2009)
Europa en la Edad Media. Arte románico. Arte Gótico
Valoración moral:
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.