Espía y traidor. La mayor historia de espionaje de la Guerra Fría

[The Spy and the Traitor. The Greatest Espionage Story of the Cold War]
Año: 
2018
Género: 
Público: 
Editorial: 
Crítica
Ciudad: 
Barcelona
Año de publicación: 
2018
Páginas: 
368
Valoración moral: 
Género: Literatura
Sin inconvenientes.
Algunos inconvenientes morales.
Presenta pasajes de cierta entidad contrarios a la fe o la moral.
Presenta pasajes escabrosos o un fondo ideológico general que puede confundir a personas con una escasa formación cristiana.
Abundan los pasajes escabrosos o un fondo ideológico contrario o extraño a los valores cristianos.
Por sus contenidos explícitos, la obra contraría la fe o la moral de la Iglesia Católica o el cristianismo en general.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

Este relato se mueve entre la ficción y la historia, pues el autor se basa en datos reales y el lector conoce el desenlace desde el principio, pero Macintyre lo concibe como thriller y lo consigue pues mantiene la tensión a lo largo de la novela. Ben Macintyre, que perteneció al M16, se basa en información privilegiada y trata de ofrecer una idea de la actuación de este servicio secreto, pero su libro se centra sobre todo en la historia de Oleg Gordievski que vivió en un constante riesgo de muerte y tuvo que tomar decisiones muy difíciles; un hombre cuyo odio por el comunismo posiblementeinfluyó en el futuro de la Humanidad pues con sus advertencias a los gobiernos británico y norteamericano consiguió cambiar varias decisiones políticas; él es el protagonista de esta historia con la que Macintyre logra impresionar. El autor considera que Oleg Gordievski, que ocupaba un alto cargo en la KGB, al actuar como espía del MI6 británico, consiguió evitar que en 1985 se desencadenase una guerra atómica y que también ayudó a acelerar el fin de la Guerra Fría.

Oleg, que estuvo convencido de la bondad del sistema comunista, su familia siempre había apoyado al sistema, siendo de gran inteligencia, frío y ambicioso, se sintió seducido por las prebendas y el secretismo que le ofrecía la KGB que también le prometía un buen sueldo y viajar al extranjero. La KGB le instruyó en las técnicas y le preparó para el espionaje. Pero Gordievski se sintió defraudado cuando observó que el régimen no evolucionaba y que la URSS se había convertido en una gran cárcel pero no se sabe si fue su miedo a la autoridad o su arraigado hábito de sumisión u otras cosas las que le llevaron a seguir con su trabajo. Durante la invasión de Hungría (1954) apenas era un adolescente, pero el análisis de lo ocurrido en Berlín en 1961, cuando ante los deseos de libertad de los alemanes, los soviéticos respondieron con la construcción del muro en unas horas, le hizo dudar mucho de la bondad del régimen comunista y con la invasión de Checoslovaquia (1968) se convenció de que servía a un sistema pernicioso pero que precisamente por su posición privilegiada en la KGB, podía hacer algo para cambiar las cosas. En 1968 vivía en Copenhague al servicio de la KGB y comprobó el contraste entre las democracias y el sistema soviético, también leyó obras prohibidas en la URSS y aunque ya entonces empezó a trabajar para Occidente, tuvo que volver a Moscú en 1978. Allí permaneció unos años en los que se divorció de su primera mujer y se casó con Leila Aliyeva, hija de agentes de la KGB, que nunca supo de su doble vida y tuvo dos hijas; obtuvo mucha información de la KGB pues aunque pudo dejar el espionaje, declaró: “Quiero descubrir los aspectos más secretos, importantes y esenciales de la cúpula soviética” “Quiero averiguar cómo funciona el sistema” y cuando finalmente consiguió el objetivo de ser destinado a Londres (1982), pasó esa información al M16. En 1984, Gordievski empezó a sospechar que podía haber sido descubierto pues así le pareció que lo insinuaba un alto dirigente de la KGB en Londres. De hecho, al ser llamado a Moscú en 1985 para confirmar un nombramiento, sabía que quizá no podría volver. En Moscú se dio cuenta de que estaba atrapado y antes de ser apresado, huyó a Occidente sin su familia. Leila y sus hijas llegaron a Londres en 1991 pero después de seis años su vida familiar había sido destruida. Como todo thriller el relato no destaca por grandes valores literarios aunque sí por su información; el lenguaje es correcto y se aprecian algunos valores como que no todos los espías actúan por dinero, acaban alcohólicos o tienen que ser mujeriegos u homosexuales. Es interesante conocer algunos métodos usados por la URSS o la actuación de algunos partidos políticos; se da por sabido que el engaño es un arma del espionaje.

Ben Macintyre (1963) es un autor británico, investigador y columnista-editor en The Times, diario para el cual también ha trabajado en Nueva York, París y Washington. Sus columnas tratan temas de actualidad y de controversias históricas. Es autor de varios libros de espionaje.

Autor: Angeles Labrada, España, 2020