
El relato si bien no es autobiográfico, toma rasgos de su vida y de personajes reales, desdibujados, para hacer, quizás, una de sus mejores novelas.
Preludio: A la vuelta de América, describe el odio hacia su abuela y su decadencia psicológica: ve ovnis y extraterrestres por todas partes. El encuentro fortuito de una foto de su madre Ilària la hace investigar su pasado.
Genealogía: Descubre la verdadera vida de la madre a través de su diario y conoce quién es su padre, un profesor de filosofía. Quiere encontrarlo y conocerlo.
Raíces: Busca sus raíces en su tío que vive en un kibutz de Haifa y va a pasar una temporada allí. Se cuentan historias de su familia de antepasados judíos y la dureza del Holocausto. Ponen en común sus creencias y sus valores, y reflexionan sobre temas filosóficos y religiosos.
La novela describe dos mundos, el de la protagonista y el mundo de su madre Ilària que descubre a través de su diario. Un mundo, el de los años 70, que más que una generación, ella lo llama degeneración: drogas, aborto de un “hermano” de la protagonista, vida en una comuna donde las decisiones se toman conjuntamente, desprecio de la familia, anticlericalismo, revolución cultural, intento de suicidio, etc. Todo ello la hace reflexionar sobre su propia existencia y sobre el sentido de su vida. Rechaza estos planteamientos a pesar de tener un lazo afectivo con sus padres que contrasta con su propia visión del mundo respetuosa con la naturaleza.