
Katherine Mansfield, pseudónimo de Kathleen Beauchamp, fue una escritora neozelandesa.
Este es la descripción de un día de calor en la bahía de Crescent, un lugar de Nueva Zelanda. Comienza al inicio del día con la descripción de la bruma que cubre la playa y que no permite distinguir dónde esta acaba y comienza el mar.
Poco después aparece por un lateral de la bahía un rebaño de corderos, con su perro y pastor; este enciende su pipa y avanza despacio con el rebaño, sin que el perro mire al gato que los observa pasar. La luz baña la tierra y el mar y se perciben los espacios que la bruma difuminaba. Despiertan los seres vivos y van dando sus señales acostumbradas.
Un bañista, Stanley, sale de un bungalow de la colonia veraniega y se alegra por ser el primero en meterse al agua; le saludará su cuñado, que se ha adelantado. Eso le molesta, pero no discuten. Se vuelve a su casa, se viste, desayuna y se va a trabajar a la ciudad.
Luego las niñas desayunan y se van a la playa a jugar; mientras, las señoras siguen su protocolo diario. Linda mira a su hijo pequeño, quien con una sonrisa se gana el cariño. Los habitantes de la colonia muestran o callan sus comentarios.
Al final del día vuelve la calma. Stanley, al regresar, se disculpa ante su esposa Linda por no haberse despedido en la mañana.
La fuerza de las descripciones aporta la belleza a un libro que apenas tiene argumento; o mejor, es el relato de un día normal, algo difícil si solo interesa lo extraordinario. Un conato de