El valor divino de lo humano

[El valor divino de lo humano]
Género: 
Público: 
Editorial: 
Rialp
Ciudad: 
Madrid
Año de publicación: 
1995
Páginas: 
264
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

El valor divino de lo humano, escrito en la década de 1950, se mantiene sorprendentemente actual. El texto, concebido como una exhortación vital, invita especialmente a jóvenes y a todo aquel que busca sentido en su fe a considerar la perfección humana como parte inseparable de la vida cristiana. A partir de ejemplos concretos y cercanos, el autor articula con sencillez y profundidad la importancia de la lucha interior para adquirir virtudes humanas como la sinceridad, la valentía o la generosidad, siempre vividas desde el amor a Dios y en imitación de Cristo.

El libro se apoya en la rica tradición espiritual de la Iglesia y en las enseñanzas de algunos de sus santos, destacando especialmente la influencia de san Josemaría Escrivá. En sus páginas antológicas, el autor despliega una invitación desafiante a salir de la tibieza, la pasividad o la falta de carácter, recordando que la vida cristiana no es un conjunto de normas abstractas, sino una unidad de vida que se expresa en el trabajo bien hecho, la alegría de servir, la lealtad y la generosidad con los demás.

Jesús Urteaga Loidi (San Sebastián, 7 de diciembre de 1921–Madrid, 30 de agosto de 2009) fue un sacerdote español del Opus Dei, conocido por su compromiso con la comunicación cristiana, doctor tanto en Derecho Canónico como en Teología en Roma. Ordenado sacerdote en 1948, desarrolló una labor pastoral intensa que incluyó la dirección espiritual en centros educativos, la labor televisiva —donde se ganó el cariño del público como «el cura de la tele»— y la fundación de la revista Mundo Cristiano, convertida en un referente de diálogo entre fe y cultura en España.