
Harry Bosh se enfrenta a su caso más complicado: el asesinato de su propia madre en 1961 cuando él tenía 11 años. Aparecen los episodios más oscuros de su biografía; ahora que tiene 44 años su vida es un caos: por un terremoto perdió su casa, su novia lo dejó y se fue a otra ciudad, está bebiendo en exceso y ha sido suspendido indefinidamente del trabajo porque agredió a su oficial al mando. Tiene que asistir a una terapia psicológica para poder regresar a la comisaría cuando lo consideren rehabilitado. Decide aprovechar esta temporada para averiguar quién mató brutamente a su madre pues nunca se acusó a nadie del crimen.
Abre el expediente que en el pasado había esquivado. Su madre era una “mujer de citas” como se dice educadamente. Él va por su cuenta y descubre que la indagación no se llevó bien: algún poderoso alejó a los detectives de los sospechosos. Está dispuesto a hacer justicia y sigue los hilos de las viejas pruebas. Harry se identifica con un coyote que ve y con el que sueña porque podría ser el último que queda en libertad; él también es un ser solitario y ya no quedan policías de su estilo, por lo que siente la misma amenaza para su existencia o su misión.
Es un libro duro, crudo. Tiene calidad narrativa, suspenso, acción y buenos giros en la trama. Muestra una serie de personajes atormentados porque en el pasado cometieron errores serios y ahora luchan por sobrevivir sin renunciar a sus valores. Su lectura es fácil, con buen desenlace. Tiene varias escenas de sexo explícito, el lenguaje en muchas ocasiones es grosero, vulgar y hay violencia manifiesta en algunos episodios.