
La estadounidense Martha Gellhorn siempre se consideró británica desde que, en 1930, consiguió un billete gratis para viajar a Europa con la idea de convertirse en corresponsal de guerra. También escribió novelas, relatos e incluso una obra de teatro. Estuvo casada un tiempo con Hemingway. No hay duda, fue modelo y maestra para todos los corresponsales de guerra que vendrían después. Vivió en el mejor momento para desarrollar su profesión pues estuvo implicada en los conflictos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.
En el libro recoge su testimonio sobre la Guerra Civil española, la guerra de Finlandia con la Unión Soviética, China, la segunda Guerra Mundial, la independencia de Java con Sukarno, las guerras y conflictos en Oriente Próximo, Vietnam y la “contra” de Reagan en Centroamérica.
En ocasiones se pierde con divagaciones, pero siempre escribe con una actitud antibelicista de apoyo al más débil y en contra de la actitud bélica de su país de origen. También cae, con facilidad, en el maniqueísmo de dividir su mundo en buenos y malos. Su romanticismo en la guerra civil española es de remarcar, con una visión de los portadores de la libertad frente a los asesinos de la misma. Idea que no deja tampoco con la guerra de Vietnam y con la “contra” en Centroamérica, siempre contraria a la actitud americana de ser el guardián del mundo. Pasado el tiempo resultan poco creíbles algunas de sus crónicas viendo como han terminado El Salvador y Nicaragua. A modo de epílogo ofrece su negra visión del futuro (escrita en los años de 1970) que con la perspectiva que da el paso del tiempo queda muy desdibujada. Sin embargo, sus crónicas son un clásico del reporterismo y han creado escuela en todo el mundo.