
El subtítulo del libro es elocuente: Cómo enseñar a los niños a pensar por sí mismos. El autor explica que los niños tienen un potencial filosófico natural, gracias a su asombro y curiosidad, y ofrece una guía para adultos, padres y maestros, sobre cómo despertar y cultivar esa capacidad intelectual desde una edad temprana.
El libro está dividido en dos partes: en la primera se explica por qué es valioso enseñar filosofía a los niños no solo para su crecimiento intelectual, sino también para su desarrollo personal y social.
En la segunda, Nomen plantea 12 grandes preguntas filosóficas heredadas de pensadores como Platón, Kant, Nietzsche o Arendt y acompaña cada pregunta con cuentos, reflexiones y actividades prácticas para dialogar con los niños. Habla de valores, de ciudadanía, de diálogo y responsabilidad.
Lo que hace especial el libro es su carácter práctico: un manual para promover el pensamiento crítico, creativo y cuidadoso. Anima a que los niños no solo reciban respuestas, sino que aprendan a formular preguntas, a cuestionar sus propias ideas y a dialogar con los demás.
Es un enfoque optimista y pluralista. Afirma que no hay una única verdad y que hay que respetar las diferencias. Aunque hay un deseo positivo de fondo, puede confundir a los no especialistas y llevar al eclecticismo.