En esta novela se hace una revisión de la nueva sociedad que se formó tras el final de la guerra fría, la caída del muro, la desmembración de la URSS... Un examen de conciencia de aquel viejo orden, donde no sólo se denuncia la falta de libertad de aquellos regímenes del telón de acero, también se cuestiona algunas políticas occidentales.
Para realizar este proceso de revisionismo, de búsqueda, se ha utilizado el material disponible gracias a la apertura de algunos archivos policiales, etc. En este contexto actual sitúa Le Carré una denuncia al gobierno inglés por hechos cometidos por su servicio de inteligencia cincuenta años atrás.
Peter Guilliam tiene que salir de su retiro francés para acudir a Londres y dar cuenta de los hechos denunciados: la Operación Carambola. En ella, para proteger a un agente infiltrado en la Stasi, perdieron la vida el agente Leamas y su amante, entre otros.
La novela no solo es una inteligente puesta en escena de esta investigación, de la forma en la que los gobiernos actuales gestionan sus secretos pasados. Es también un cuestionamiento del propio espionaje de los años de la guerra fría: de sus resultados en el juego político, de las consecuencias personales. Este último aspecto lleva a reflexionar sobre cómo los implicados han sido manipulados, también él, incluso hasta la destrucción.
Peter Guilliam es presentado como un seductor que utiliza su encanto para captar peones del sexo femenino (Le Carré reserva espacio a la relación entre Guilliam y Tulipán, la esposa promiscua de un alto cargo de la Stasi). Así, los encuentros eróticos, las relaciones sentimentales, las adicciones varias... que fueron buscados y estimulados desde arriba, son vistos como un ejercicio de manipulación al servicio, en este caso, de un imperio (el británico) que ya no existe. ¿Qué queda de todo ello? ¿Cuál es el legado?