El jilguero

[The Goldfinch]
Año: 
2013
Género: 
Público: 
Tags: 
Valoración moral: 
Género: Literatura
Sin inconvenientes.
Algunos inconvenientes morales.
Presenta pasajes de cierta entidad contrarios a la fe o la moral.
Presenta pasajes escabrosos o un fondo ideológico general que puede confundir a personas con una escasa formación cristiana.
Abundan los pasajes escabrosos o un fondo ideológico contrario o extraño a los valores cristianos.
Por sus contenidos explícitos, la obra contraría la fe o la moral de la Iglesia Católica o el cristianismo en general.

El libro trata del trágico abrirse a la vida de un adolescente, Theo Decker, y su educación sentimental… Sobrevive a un atentado terrorista en el que fallece su madre, en un museo de Nueva York. Desde ese momento, su vida queda unida a la añoranza materna, y a la posesión de un cuadro famoso del siglo XVII, “El jilguero”, que se llevó del museo tras la explosión. 

Dos jóvenes de su edad comparten con Theo el protagonismo en esta historia: Pippa, a cuyo amor aspira, otra superviviente del atentado; y Boris, un chico eslavo, al que conoce poco tiempo después, y que se convertirá enseguida en su mejor amigo.

El texto, muy extenso, es desigual: partes muy logradas, como la que se desarrolla en Las Vegas; y otras flojas, como la estancia en Amsterdam del protagonista. Algunos personajes y ambientes están muy bien perfilados. Se echa en falta un desarrollo de las ideas más sintético y una mayor sobriedad verbal y descriptiva. En conjunto, estamos ante lo que se llama “best seller de calidad”, una novela dignamente construida que gustará a muchos buenos lectores, no excesivamente exigentes.

Desde un punto de vista moral hay que destacar el constante recurso de los dos chicos protagonistas al alcohol y las drogas. Aunque el carácter pernicioso de esas adicciones no se justifica (“Lo absurdo no libera, ata”, es la cita de A. Camus que abre el volumen), hay un cierto acostumbramiento que podría pasar por aceptación a lectores jóvenes. 

Además, el libro presenta un difuso tono de desesperanza o impotencia ante los condicionamientos –sobre todo, internos- de la libertad humana. Este rasgo queda simbolizado en el jilguero del cuadro, que permanece encadenado, sin poder alzar el vuelo (“Sólo de vez en cuando reparaba en la cadena de la pata del jilguero, o pensaba en lo cruel que era esa vida para una pequeña criatura viviente: aleteando apenas, obligada a posarse siempre en el mismo lugar sin esperanza”).

Como rasgo positivo, paradójicamente, se podría señalar la endeblez de las conductas inmorales que se reseñan. Es decir, resulta muy patente que la autora “no se cree” todo eso y, naturalmente, no se lo creen sus personajes. En la novela hay muchas observaciones valiosas sobre la familia, la amistad, el trabajo bien hecho, el sentido de responsabilidad, etc.

H.M. (2014)