
En la madrugada de un domingo de Pascua, una mujer recorre desgarrada las calles de Fond-Zombi, en la isla de la Martinica, y un bebé llora desconsolado en una cabaña, entre las pezuñas de una mula. Ya adulto, Pascal vive una vida apacible con sus padres adoptivos; es un hombre mestizo, de gran belleza, que empieza a cuestionarse sus orígenes, su misión en la vida, ¿qué se espera de él?... Se dicen todo tipo de habladurías acerca suya: que cura enfermos, que lleva a cabo pescas milagrosas, incluso que es el hijo de Dios, de qué dios? Y en la tarea de averiguar estas preguntas recorre América, buscando y sin encontrar respuestas que le llenen. Aparecen, en el relato, problemas propios del colonialismo (explotación, racismo, abusos, esclavitud, segregación...) Todo ello envuelto con leyendas, mitos, ideas contrarias a la Revelación... que componen una narración ecléctica y poco verosímil incluso en una imaginación fecunda.
El relato - dividido en dos partes y con un epílogo - es plano, en el sentido de que carece de la brillantez que se supone tiene el Caribe, en lo referente a la psicología de las personas, las costumbres, comidas, vegetación, paisajes... No cabe el recrearse en todo esto, como tampoco en los sucesos narrados (el personaje de Pascal no tiene "gancho", no atrae ni intriga, más bien resulta decepcionante y previsible). Puede ser que el fin de la autora (Premio Nobel Alternativo de Literatura 2018 y de otros galardones) sea éste: a través de una técnica depurada, mostrar la sencillez de la vida y costumbres de las Antillas, así como las creencias de los ancestros.
Pero, para eso, no era necesario hacer una recreación pagana y molesta, de la Encarnación de Dios. El libro "cierra" bien, con un "la historia continúa"...más de lo mismo.