
El lenguaje del afecto es la poesía. Cuando hablamos de los que amamos, caemos incluso sin querer en las imágenes, en el simbolismo lírico, en la frase musical.
Salvador Muñoz Iglesias, sacerdote, exégeta y teólogo, al hablar de María, Madre de Cristo y Madre nuestra, da rienda suelta a sus afectos, como el buen hijo que es. Incluso se propone, expresamente, “grabar su nombre de esta manera” en el corazón de Nuestra Señora.
Pero si el Evangelio de María, conjunto de meditaciones sobre los textos de la Sagrada Escritura que hablan de Nuestra Señora, es un poema de amor, se basa al mismo tiempo en la familiaridad del autor con los textos sagrados y en su lucidez como teólogo. El resultado es un libro vivo y brillante, coloquial y profundo, en el que tanto el corazón como la cabeza encuentran su alimento.
Es también una pauta para la oración personal, que puede hacerse, siguiendo el modelo de María, meditando con el corazón las enseñanzas de Cristo. Y así llegamos al hermoso descubrimiento que hizo el autor cuando concluyó que “detrás del Evangelio de Jesús está siempre María”.