
El título de la versión castellana alude a una forma delicada de señalar a las mujeres que esperan un hijo: en su embarazo llegan a un estado de buena esperanza. Con este libro, la autora nos refiere detalladamente sus ilusiones y desilusiones durante los cinco años en que estuvo intentando superar su infertilidad, hasta lograr ser madre por medio de la fecundación in vitro (FIV). Belle Boggs es profesora de Bellas Artes en la Universidad de Carolina del Norte (USA).
El relato no discurre por los cánones previsibles del romanticismo. Deliberadamente, se detiene más bien en las dimensiones clínicas y en los esfuerzos técnicos con los que cabe colmar el presunto derecho a la maternidad, obvio en la estructura anatómica y fisiológica de la mujer, que para algo está dotada de los órganos sexuales ad hoc. La frustración que provoca el no poder concebir -puesto que la fertilidad es algo normal, natural y saludable- ha de superarse con los medios que hoy suministra la medicina: así concluye la autora. En sus razonamientos reitera argumentos de etología, biología evolutiva y mecanicismo psicológico, con una constante referencia a la fertilidad de los mamíferos superiores como paradigma de la especie humana.
Se trata de un texto descorazonador, pese a sus frecuentes “llamadas a la esperanza”. El hijo, tan añorado por la autora, queda manipulado en su papel de satisfacer los intereses o proyectos de la madre. Los progenitores emplean la FIV como pura técnica útil para sus planes, y descartan como irrelevantes los abortos que implica instrumentalmente este proceder. Conocen la valoración que hace la Iglesia Católica pero no tomarán en consideración el objetivo punto de vista del niño como persona, sujeto de derechos y nunca objeto del derecho ajeno. Sin darse cuenta, Boggs confunde la espera con la exigencia. En las páginas finales de este ensayo divulgativo, aprueba también, como remedio de la infertilidad humana, la inseminación por donante, homólogo o heterólogo, de óvulos o de embriones.