
¿Por qué a veces nos pasmamos al mirar un paisaje montañoso a través de la ventana, o al seguir el simple vuelo de una abeja que recoge el polen, o al descubrir un nido de jilguero con proporciones euclidianas mientras damos un paseo por el parque? El asombro es un sentimiento entrañable que nos devuelve a los períodos más tiernos de la infancia. Pero a veces nos parece incompatible con la rutina del día a día y lo descuidamos: ¿Es el asombro un bien fugaz como un cometa, o puede ser una actitud habitual frente al devenir de la vida? ¿Y si la naturaleza, además de estar allí brillando para nuestro deleite, es también un lenguaje de Dios; un portal con capacidad de conducirnos al Creador e invitarnos a iniciar un diálogo con Él?
En el libro de la profesora Isabel M. León Sanz se enfrentan estas preguntas desde una triple perspectiva: estética, metafísica y teológica. El lector quedará impresionado al vislumbrar la riquísima tradición que se erige a sus espaldas y, por esto, en vez de llenarse con respuestas el libro sucita nuevas interrogantes.
La autora es la candidata ideal para realizar este recorrido en ascensión hacia la Belleza: es doctora en filosofía (Universidad Complutense de Madrid), doctora en teología (Universidad de Navarra, precisamente con esta tesis doctoral) y realizó además estudios de música en el Real Conservatorio Superior de Madrid. Toda esta preparación, sumada a su paciencia y amor por la investigación, confluye como en un fruto maduro en este libro, que mereció, por cierto, el importante Premio Marco Arosio, en la Edición Especial 2017 del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma.
Abrir el libro y dejarse envolver por una nube de aromas primaverales es todo uno. En este trabajo, la profesora León despliega un acabado rigor científico y belleza de estilo para presentarnos a San Buenaventura y explicarnos el extraordinario aporte que hizo a la tradición Antigua y Medieval de reflexión sobre la belleza, en particular, en lo relativo al papel del Verbo en la Creación. “Confío en que este estudio conduzca a los lectores a reconocer y amar a la fuente divina de toda belleza a través de las hermosuras del mundo”, dice la autora. Y parece que lo consigue: refiriéndonos con su libro al lenguaje de Dios y al significado expresivo de su Creación, estimula al lector a optar por un completo cambio de perspectiva en la observación del cosmos.