
Es la historia del último rey de Polonia Stanislaw II Augusto Poniatowski (1732-1798) (nunca se casó ni reconoció a sus hijos naturales) La autora, descendiente de la familia Poniatowski, se basa en varios libros sobre el tema (ninguno traducido al castellano) pero sobre todo recurre a las memorias publicadas del rey. La conclusión es que Stanislaw II vio cómo su país desaparecía al ser invadido y repartido sucesivamente por las tres potencias vecinas: Rusia, Prusia y Austria. La monarquía en Polonia, de más de mil años de antigüedad, era electiva. De ahí que Stanislaw pudo acceder a la corona “protegido” por la Emperatriz Catalina de Rusia. Catalina pretendía que Polonia fuera una pieza dócil a sus intereses políticos pero Stanislaw II actuó de acuerdo a lo que pensaba que beneficiaba a su pueblo y realizó algunas reformas al margen de Rusia, por lo que Catalina propugnó y consiguió varias particiones sucesivas de Polonia hasta hacer desaparecer este país. Para lograrlo contó con el apoyo de gran parte de la aristocracia polaca que se lanzó en contra de la Constitución recién proclamada en la Confederación de Targowica (auspiciada por Rusia) en abril de 1792 (los sucesos de la Revolución Francesa hicieron fracasar algunas reformas)
Con la alianza de Rusia, Prusia y Austria, Polonia, no sólo perdió todo su territorio, sino que también perdió todo su patrimonio cultural que se repartió entre los invasores aunque la mayor parte se la llevó Rusia. Ninguna potencia europea acudió en ayuda de Polonia y la situación llegó a ser tan delicada, que se prohibió utilizar la palabra “Polonia”; este país se diluyó y dejó de existir hasta 1918 en que recupero su independencia, aunque sus fronteras fueron alteradas nuevamente después de la Segunda Guerra Mundial.
Según el libro, uno de los factores que contribuyó a la desaparición del país fue la casi inexistencia de un ejército propio y fuerte con el que defenderse de sus vecinos pues Stanislaw II no se preocupó por su formación ni finalmente se decidió a dirigirlo pues pensó que la guerra estaba perdida e iba a ser un baño de sangre.
La historia se narra en dos planos temporales, uno, como se ha dicho, evoca la trayectoria del último rey de Polonia, durante el siglo XVIII y en paralelo, la autora desarrolla su historia en México dos siglos después, a partir de 1945, pues la familia de Poniatowska emigró allí al terminar la Segunda Guerra mundial. Describe la atmósfera llena de exotismo y color de este país y cómo decide ser escritora. Narra los rasgos del ambiente cultural y político de México, los principales hitos de su vida y su dedicación al periodismo.
En conjunto el libro conjuga historia y ficción, literatura, épica y pasión; esto último, parece ser, que fue predominante en las memorias del rey pues habiendo sido Stanislaw Poniatowski amante de Catalina la Grande, antes de ser nombrado rey, siempre confió en Catalina de Rusia, aunque posteriormente ella le manifestó en varias ocasiones su desprecio.
El libro, narrado con una prosa rica y de forma lineal, describe con viveza épocas, ambientes, personajes y paisajes, así como las reformas de la Ilustración cuyas ideas influyeron mucho en Stanislaw. Aunque se refiere a las aventuras amorosas, que aparecen como una costumbre extendida en la corte, no hay descripciones, pero el tono general es sensual; hay una crítica negativa en la actuación de parte de la jerarquía.
Elena Poniatowska (París, 1932), es una escritora prolífica. Ha recibido numerosos premios y es doctora "honoris causa" por varias Universidades. En 2013 recibió el Premio Cervantes por su “una brillante trayectoria literaria en diversos géneros, de manera particular en la narrativa y en su dedicación ejemplar al periodismo (…)”