
Relatos breves de indudable calidad literaria que, una vez escritos entre los años1948 y 1951, fueron asumidos conjuntamente por ambos autores bajo el título con el que ahora aparecen al público, en edición póstuma, pues Martín-Santos falleció en 1964 y Benet en 1993. Algunos cuentos tienen cierta extensión; otros muchos son breves, incluso algunos de una sola página. Por su temática coherente, han sido agrupados ahora en siete conjuntos: I. Mirar; II. Extrañeza del lugar; III. Del amor y la carne; IV. El animal que irrumpe; V. Raros y angélicos; VI. El disparate, lo grotesco, la violencia; y VII. Esa voz. Son muchas veces experiencias extremas, en las que se deja al lector sacar consecuencias de lo insólito.
El texto transmite un poso de tristeza innegable, pero no porque los cuentos reflejen la difícil situación social de esos tiempos de posguerra en España, sino, claramente, por la inestabilidad ideológica de los autores, que abandonan los criterios cristianos en los que se formaron. En los relatos aparecen monjas que quieren serlo más por el hambre que por la caridad teologal; pecadoras que apuntalan su conducta con piadosas oraciones; historias cuarteleras esmaltadas de irreverencias; cosmologías anticristianas, en las que se dibuja a un Dios zarandeado por la historia; el Romano Pontífice haciendo de funambulista en la Plaza de San Pedro; ángeles que recaen en el vicio solitario; y, con frecuencia, un surrealismo paralelo al que su amigo Buñuel plasmaba en imágenes por esos días. En la negatividad de este panorama, lo erótico tiene menos peso que lo desquiciado.