
Es una obra monumental de divulgación histórica y antropológica que intenta replantear prácticamente toda la narración convencional sobre los orígenes de la civilización humana. Graeber y Wengrow discuten la idea lineal según la cual la humanidad habría pasado inevitablemente de pequeñas comunidades igualitarias a sociedades agrícolas jerárquicas, estatales y desiguales. Frente a esa visión, presentan una enorme cantidad de ejemplos arqueológicos e históricos para sostener que las sociedades humanas han sido mucho más diversas, flexibles y creativas de lo que suele afirmarse.
El gran mérito del libro está en su capacidad para abrir preguntas intelectualmente estimulantes. Los autores muestran un dominio impresionante de investigaciones arqueológicas recientes y logran transmitir entusiasmo por el estudio de las civilizaciones antiguas. Muchas páginas son verdaderamente fascinantes, especialmente cuando desmontan simplificaciones escolares sobre el nacimiento del Estado, las ciudades o la propiedad. Se lee con agilidad y mantiene un tono vivo, polémico y provocador.
Sin embargo, también es un ensayo claramente ideológico. Graeber, muy influido por el anarquismo contemporáneo, orienta buena parte de la interpretación histórica hacia una crítica constante de las instituciones políticas tradicionales, de las jerarquías y de las formas clásicas de autoridad. A veces los autores parecen seleccionar ejemplos históricos que favorecen su tesis mientras minimizan datos contrarios. En ocasiones, la enorme acumulación de casos históricos produce además cierta dispersión argumentativa. Presenta una visión ampliamente materialista y relativista de la historia humana, muy crítica hacia estructuras tradicionales de autoridad política, cultural y religiosa.