
Novela publicada en 1812, pocos años después de la incorporación de Irlanda al Reino Unido. Era frecuente que los aristócratas irlandeses delegaran en otras personas el gobierno de sus propiedades, y ellos vivían en Inglaterra. Ser irlandés no era apreciado en Inglaterra; los intentos de la madre de lord Colambre para ser admitida en la alta sociedad inglesa la llevan a vivir por encima de sus posibilidades y a consumir el patrimonio familiar. Su esposo apenas tiene vida social y no sigue de cerca la gestión patrimonial.
Cuando su hijo termina los estudios en Cambridge, regresa al hogar; la madre se empeña en que se case con Isabel, una joven aristócrata y adinerada, pero él lo evita con tacto. Aclarado ese aspecto, se va a Irlanda para visitar las posesiones familiares; allí descubre el trato con los arrendatarios de algunos administradores que hacen de intermediarios, lucrándose a costa de unos y otros. Toma conciencia de la mengua del patrimonio familiar y de las deudas pendientes.
Al volver a Londres aborda con su padre esa cuestión. Como le queda muy poco para la mayoría de edad y administrar el patrimonio, da los primeros pasos con energía. En esos meses descubre el posible origen familiar de una joven a la que siempre ha considerado prima.
La autora conjuga aspectos sociales con una trama romántica. Está más logrado lo primero, pero el conjunto es armónico. La autora conoce la relación entre irlandeses y británicos por haber vivido en ambos lugares. La novela tiene una cierta base real, sin ser posible generalizar su contenido. El relato está bien escrito y es ameno.