
Chikiar Bauer, profesora argentina, presenta una monumental biografía de Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz.
Sus primeros años familiares se desarrollaron en Breslau, Alemania, hoy Wrocław, Polonia. Siguió su recorrido universitario y profesional en Gotinga, como discípula querida de Husserl e integrada en el primer grupo de fenomenólogos. Con su maestro se trasladó a Friburgo, en la Selva Negra, hasta que se fue independizando ante la imposibilidad de conseguir una cátedra por ser mujer y judía.
Ella se mantuvo fiel a Husserl, y su relación con Heidegger, de quien tampoco recibió ayuda, fue tangencial. Pero lo más interesante es la relación de Edith, la querida hija pequeña, con su madre, empresaria al quedar viuda muy pronto, quien la protegió para que pudiera estudiar y quedó ampliamente satisfecha al recibirla en casa como la primera doctora en filosofía en Alemania, pero nunca comprendió su conversión y menos su ingreso en el Carmelo.
Las relaciones familiares no fueron fáciles, como tampoco lo fueron con algunos de sus colegas. Edith escribió poco sobre su conversión, pero hay tres hechos que la marcaron. El primero fue descubrir que los fieles católicos acudían a la iglesia en cualquier momento y se arrodillaban sin necesidad de que hubiera actos litúrgicos. También le admiró el comportamiento y la actitud de la familia católica del primer discípulo de Husserl, Adolf Reinach, ante su muerte durante la Primera Guerra Mundial. En tercer lugar, la lectura del Libro de la vida de Santa Teresa de Jesús.
En el Carmelo siguió trabajando en sus escritos filosóficos. Su hermana Rosa, también convertida, le siguió en la Orden Tercera del Carmelo y acompañó a Edith en sus últimos años, muriendo ambas juntas en el campo de concentración de Birkenau, cercano a Auschwitz.
La última parte del libro, la más corta y dolorosa, relata cómo Santa Teresa Benedicta pasa del Carmelo de Colonia, Alemania, al convento de Echt, en los Países Bajos, donde deja su testamento, La ciencia de la cruz, viviendo una unión muy intensa con San Juan de la Cruz. Tuvo posibilidades de emigrar, pero no quiso abandonar a su hermana, y cuando fue posible ya era demasiado tarde.
El libro es detallado y se lee con agrado, a pesar de los detalles filosóficos y las luchas internas en la universidad alemana, que se entienden bien y que ayudan a comprender las incomprensiones que sufrió Edith Stein a lo largo de su vida.