Deseando amar

[Deseando amar]
Año: 
2021
Género: 
Público: 
Editorial: 
Centro de Documentación Crítica
Ciudad: 
Madrid
Año de publicación: 
2021
Páginas: 
430
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

José Brage Tuñón es doctor en filosofía y actualmente como sacerdote dedica su tiempo a su labor pastoral en Madrid. Ha escrito con anterioridad otros libros como Sin miedo, El equilibrio interior y Cuerpos de Gloria.

En palabras del autor este es un libro para contemplar el amor de Dios Padre, enamorarnos de Jesucristo y, con la ayuda del Espíritu Santo, aprender a amar. Consta de cuatro partes: en la primera, Aprendiendo a amar, se meditan algunos aspectos del amor humano; la segunda, Locuras de Amor, nos pone delante de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús; la tercera, Transformando el corazón, es sobre la oración, y por último, la cuarta titulada Investigación sobre el Corazón de Jesús se detiene en las bienaventuranzas que son lo radical de ese Corazón en el que deseamos transformarnos. 

Es una obra para hacer oración, de principio a fin, y se pueden meditar cada uno de los temas por separado. Su origen son las Meditaciones diarias que Brage predica en audio en varios canales de internet y que ayudan mucho a dialogar con Dios de modo personal, de tú a Tú, comprometido, sincero y que descienden a aspectos prácticos. El índice es de utilidad para encontrar los temas en que se quiera profundizar pues está muy desglosado. 

Desde el inicio se subraya que lo único importante en la vida es aprender a amar. Es lo que nos acompañará por toda la eternidad. Los obstáculos que lo impiden son, entre otros, la desconfianza, el miedo, la inseguridad…. que son heridas del pecado original y se sanan en el momento en que se descubre que somos amados infinitamente por el que es el Amor. Ese camino es el que lleva a la felicidad propia y de los demás. Este amor humano ha de llegar hasta la pasión porque la Eucaristía despierta toda la afectividad. Se habla de los distintos tipos de amor, pasando por la amistad, el noviazgo, el matrimonio, el celibato apostólico, etc. Las anécdotas e historias que se intercalan son ilustrativas y ayudan a centrarse en lo esencial. Se trata de conformar con la ayuda de la gracia, nuestra manera de pensar, de decidir, de actuar, de sentir, con los sentimientos del Corazón de Jesús. Así la calidad de nuestro amor se multiplicará por infinito. 

El capítulo sobre la oración es un tesoro que no tiene desperdicio. Ayuda a captar que es un don y una tarea. Lo presenta como una Trilogía, antes, en y después de hablar con Dios y proporciona muchos elementos para mejorar la calidad del trato habitual con Dios. Al final de este tema tiene un apéndice sobre el modo de descubrir la vocación. El tema de las bienaventuranzas, o radiografía del Corazón de Jesús invita a una conversión o “metanoia” para cambiar nuestra jerarquía de valores y apreciar de un modo nuevo todo lo que nos sucede y nos rodea. Se aprecia en el modo de narrar una honda libertad interior y de espíritu y un deseo de comunicar la alegría y felicidad encontrada en quien ha experimentado en primera persona ser amado y buscar por encima de todo corresponder amando. Se vislumbra la paz del alma enamorada que ninguna dificultad puede robar. 

El autor intenta salir al paso de dos errores comunes en las almas que buscan la santidad: el voluntarismo de quien se apoya en sus virtudes y talentos más que en la acción de Dios y el sentimentalismo de quien reduce la riqueza del amor a uno solo de sus elementos que es la emoción sensible, de suyo inestable y perecedera. Algunas conclusiones que se repiten por razones pedagógicas son: ser santo es lo mismo que ser feliz. Eso es lo que Dios quiere de cada uno de sus hijos. Existe un vínculo extremadamente profundo entre la relación con Dios y la relación con el prójimo. Cerrar el corazón al hermano es automáticamente cerrarlo a Dios y a su gracia. Son incontables los corazones humanos que han experimentado la felicidad prometida por el Señor a pobres, mansos, puros de corazón y pacíficos.

Autor: Marcela Navarro Hernández, México
Fecha de actualización: Ago 2022