
Didion es una estupenda escritora y presenta la California donde nació, no como un libro de viajes, sino más bien como búsqueda de su propia vida. Esa California alabada y envidiada fue una tierra de conquista difícil a la que llegaron los primeros colonos con mucho sufrimiento, siguieron los buscadores de oro y los constructores de la línea de ferrocarril para convertirse en la meca del cine, de la aviación y de la tecnología; una de las regiones más ricas del planeta.
Didion bucea en la historia de su familia y de su California, viendo muchas sombras. En 1852 solo existía la prisión de San Quintín y en el año 2000 contaba con treinta y tres penitenciarias y 162.000 reclusos gastando el contribuyente más en prisiones que en sus dos sistemas universitarios, los diez campus de la Universidad de California y los veinticuatro campus de la Universidad Estatal de California. La industria aeroespacial tenía su centro en California, siendo desmantelada a finales del siglo XX con graves consecuencias para la población. La hoy liberal California ha contado con las leyes de migración más restrictivas y también fue tierra de hospitales psiquiátricos con leyes que permitían la esterilización o la ‘asexualización’ y cualquier tratamiento violento de la locura.
En fin, como señala Didion, el libro “representa una exploración de mis propias confusiones acerca del lugar y la forma en que crecí, unas confusiones tanto acerca de América como de California. (…) Hay muchas cosas de California que, contadas en sus términos preferidos, no cuadran”.