
El subtítulo indica claramente el contenido del libro: Cómo afrontar la muerte con sabiduría. Se narran 30 casos reales tomados de la experiencia clínica de la autora que es médico, pionera y especialista en cuidados paliativos y que ha trabajado con miles de enfermos terminales, donde cada uno tiene un valor especial. Puede ser una guía para saber cómo actuar, tanto para los enfermos graves, como para sus familiares, para quienes están atravesando un duelo y para cualquier persona, pues todos moriremos. Lleva a reflexionar.
La tesis de fondo es que enfrentar la muerte de manera clara, abierta, serena y con conocimientos sobre el proceso que la antecede encierra un gran poder terapéutico. Ante la muerte hay poco que temer y mucho que preparar, afirma la doctora británica. Se trata de desdramatizar el final de la vida, reflexionar sobre el mejor modo de afrontarla y ayudar a hacerlo, pues con la cultura del “acompañamiento” morir es más suave de lo que la gente cree; hay que saber cómo reducir el miedo en los pacientes y cuál es el mejor modo para cada uno de ayudarles a morir en paz.
El estilo es ágil, interesante, cercano, empático, sincero y delicado. Está escrito en primera persona y los testimonios que narra son muy variados, algunos conmovedores, otros trágicos y los hay hasta divertidos. Se tiene en cuenta la dignidad del enfermo, por eso es un libro lleno de esperanza orientado a que el lector se familiarice con lo que es la agonía y con las distintas reacciones de las personas al saber que muy pronto morirán. Son muy enriquecedores los diálogos de los enfermos y siempre queda claro que la comunicación es una pieza clave. Está escrito solo desde una perspectiva humana, sin hablar abiertamente del más allá, pero dejando abierta la posibilidad de la trascendencia espiritual.