
De Waal, después de escribir ‘La liebre con ojos de ámbar’, sigue buscando por archivos y edificios para reconstruir la historia de su familia. Una familia lejana, pero que reaparece entre papeles, edificios, cuadros, porcelanas o mobiliario que le sirve, con escritura tranquila y elegante, para revivir los personajes y, también, una parte de la historia de Europa desde finales del siglo XIX hasta la II guerra mundial.
Familias judías emigradas del este, pasaron por Constantinopla y Odesa para llegar a Viena y a París buscando la integración, pues se sentían europeos de religión judía y querían seguir viviendo como europeos. En la calle Morceau nº 63, de París se encuentra el Museo Nissim Camondo. Recorriendo el hermoso edificio, paseando por sus habitaciones, viendo el mobiliario y los cuadros de sus paredes y conociendo a sus vecinos, de Waal escribe a Moisés Camondo una serie de cartas dando cuenta de sus hallazgos y del parentesco que les une.
Una variedad de personajes, escondidos en una multitud de nombres que recobran vida y hacen disfrutar con el relato. Fueron familias pudientes que, a pesar de su integración en la sociedad francesa, terminaron sufriendo el antisemitismo y la gran mayoría desaparecieron en los campos de concentración nazis. Tan solo quedan objetos, muchos objetos, que les devuelven la vida; así “nos convertimos en espectadores de la ausencia” (p. 168).