
El autor, diplomático y autor de libros históricos, despliega a lo largo de cuatrocientas páginas la vida de un rey, Carlos, que ocupó un puesto central en la historia de España del siglo XVIII. Nació en 1716, poco después de que fuera instaurada en España la dinastía de los Borbones por su padre, Felipe V.
Estaba lejos de la vía sucesoria; su madre, Isabel de Farnesio, le facilitó acceder a la corona del reino de las Dos Sicilias —actuales Nápoles y Sicilia—, donde reinó entre 1734 y 1759. Fueron unos años de los que guardó un grato recuerdo. Allí se casó con una princesa austríaca, la única mujer de su vida. Sucedió en la corona de España a Fernando VI en 1759, donde reinó hasta su muerte, en 1788. Sereno y poco dado a las guerras, participó en algunas, si bien predominó la paz. Procuró no seguir al dictado las posturas de la rama familiar francesa. Su catolicismo está fuera de duda.
El autor no ve que entre el motín de Esquilache y la expulsión de los jesuitas hubiera una conexión que justifique esta decisión; señala una cierta obsesión en esta actuación. Pesó su forma de concebir la monarquía de modo absolutista y, en aspectos religiosos, se manifestó en el regalismo. Tenía, como otros reyes, la convicción de ser elegido por Dios para ser el monarca.
El autor, en temas controvertidos, señala lo que indican otros autores, sin decantarse por posturas que quizá no ve claras. El balance económico sobre el desarrollo de España en ese periodo es positivo.