
Esta novela tiene el sabor y la simplicidad de lo arcaico, de un género que se estaba haciendo y todavía era balbuceante. Más que novelas policiacas, los primeros thrillers son novelas de misterio, donde suele haber una muerte ardua de resolver y un personaje al margen de la policía que se encarga del caso.
En esta ocasión, el misterio es la muerte de un pasajero en un barco. Entre los viajeros se encuentra Matthew Kelton, a quien se le encarga resolver el asesinato, pues es experto en enigmas y la policía ha recurrido a él en varias ocasiones. Como el asesinado aparece en un camarote, el homicida tiene que estar entre los que van en el barco, pero la recompensa por apresar al asesino se ofrece durante los dos días que dura la travesía.
Pronto Kelton descubre que varios pasajeros podían querer la muerte del asesinado. Hay elementos de la investigación que surgen del interrogatorio del experto, pero hay otros que se derivan de su observación de detalles en los que el lector no repara y que resultan definitivos para la investigación, al estilo de Agatha Christie. No faltan detalles románticos y golpes de humor.
Aunque la dicotomía entre buenos y malos es exagerada, es una novela entretenida, está bien redactada y se lee con facilidad; el lector seguramente sonreirá.
Richard Connell (1893-1949) fue un escritor y periodista estadounidense de gran éxito. Fue un cuentista prolífico. Triunfó como periodista y guionista, y una de sus historias, llevada al cine, fue nominada a un Oscar. Su obra más conocida fue El juego más peligroso.