
Es un libro breve pero muy consistente. El autor es filósofo y muestra su dominio del lenguaje. Se trata de tres ensayos cortos, interesantes y profundos a través de los cuales el lector es interpelado a pensar despacio, hay frases que golpean y otras que deben releerse para captar mejor su riqueza. El estilo es directo. Para los amantes de la filosofía es una auténtica perla. Las cuestiones sobre las que reflexiona son los libros, la vida, la muerte, el sufrimiento, el amor, la cultura, la sociedad actual.
Alrededor de los libros es el primer ensayo. Leer requiere considerables dosis de humildad y sentido del humor. Puede ser un remedio contra el atontamiento y la anestesia. Lo básico es que los libros hagan sopesar y reflexionar. La potencia de los libros es indiscutible. Un libro puede ser un océano que nos impele a nadar o a hundirnos. Es evidente que no todos los libros pretenden transformar a sus lectores. La mayoría se conforma con complacerlos. Si absolutizamos el valor de un libro lo ridiculizamos; pero si lo despreciamos, nos despistamos. Hay falsos libros. En realidad, solo hay dos géneros de libros: el de los que vale la pena leer y el de los que no. La lectura de buenos libros cultiva. La lectura desatenta y superficial no sirve para nada.
El segundo ensayo se titula Desmontando trampas. El autor analiza los distintos tipos de falacias. Las buenas conversaciones incluyen diálogo, debate y sobre todo buenos argumentos, jugosos y sinceros. Nos trasladan a un mundo donde se respira oxígeno porque hay verdad. En nuestro mundo abundan las manipulaciones del razonamiento. Hay todo tipo de intereses, mercantiles, políticos, de poder y otros que acorralan la verdad.
Molon Labe es el tercer ensayo. El título hace alusión a lo que cuenta Plutarco del Gran Rey Jerjes, que con un millón de soldados a sus espaldas, requiere a Leónidas sus armas en el desfiladero de las Termópilas, y el caudillo espartano le responde con una mirada retadora y las palabras Molon Labe, que significan ven y tómalas. Es una apología del valor y dignidad del sufrimiento y del sacrificio. Saber sufrir es un talento especialísimo, un arte muy conveniente pues infunde sabiduría. La muerte nos instruye sobre lo que importa: nos devuelve a nuestro centro vital que es el amor. No destruye nuestro valor. Hay que tener la valentía de ser imperfectos pues lo maravilloso es quebradizo porque es real. Hay que ser inasequibles al desaliento, no rendirse jamás. Somos parte de una continuidad humana con un valor superior al de la propia individualidad. Cumplida la tarea, se puede encarar el fin de pie y con el alma envuelta en un soplo de paz. La lectura de esta obra requiere cultura y conocimientos filosóficos.