
El autor, crítico de cine ya fallecido, no solo creó escuela, sino que dedicó parte de su tiempo a la docencia en la cátedra de la Universidad de Barcelona. José Florit, quien ocupó esa cátedra después, hace una excelente presentación del libro.
No cualquier película sirve como fuente fiable. El autor seleccionó cien por ser una cifra emblemática, pero, salvo alguna discusión de escasa relevancia, muchos considerarían acertada esa selección que el autor hace. Edison mostró su interés en incorporar el cine a la docencia superior de EE. UU. Otro autor afirma que ha llegado el momento en que el historiador actual acepte el cine histórico, que, como el resto de medios, tiene sus ventajas y limitaciones.
Esa afirmación ya es una realidad, y el resultado depende en buena parte de la calidad profesional de los historiadores de esa especialidad o de los buenos conocedores de ella. Una muestra reducida pero válida son los libros publicados sobre La historia del mundo en el siglo XX, con referencias a películas y novelas que, por su calidad y contenido, ayudan al lector —si ha leído las novelas o visto las películas— a dar pasos de gigante al hacer referencia a ellas.
No sustituyen al historiador, pero, si se utilizan bien, son una excelente herramienta. En los casos en que el nivel de conocimiento de esas fuentes sea alto, son una valiosa ayuda para conocer el contexto. Lo importante, además de que la fuente sea valiosa, es saber usarla. Los aficionados al cine histórico disfrutarán con este libro. El autor tiene obras que avalan su trayectoria profesional.